Una preparación sencilla, pero muy sabrosa. Claro que alguno podrán decir, ¡No me gustan los puerros! Sobre el gusto habría mucho que hablar, el gusto hay que educarlo y ejercitarlo, es lo mismo que pasa con las materias de estudio, muchas veces no nos gustan, pero con esfuerzo y dedicación se llega al final a unos buenos resultados. Lo mismo pasa con el gusto, si lo ejercitamos, lo cuidamos, lo entrenamos etc. etc. al final habrá muy poquitas cosas que no nos gusten.
Para esta preparación, utilizaremos media docena de puerros, de grosor medio, los limpiamos quitándoles la punta de las hojas verdes y alguna en su totalidad.
Lo mejor es la parte blanca del puerro, pero como no tiramos nada, también utilizamos la parte verdosa.
Cortamos los puerros en dos partes, procurando que queden de la misma longitud.
Los ponemos a cocer en agua, la que salaremos al gusto,